7.2.09

Ramos en República de Chile

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Acompañé a mi madre a la calle de República de Chile, en el Centro Histórico. República de Chile es conocida por que allí operan las tiendas de vestidos de novia y quinceaños, además de los accesorios y demás ajuares que se necesitan para celebraciones de esa índole.

Al entrar a las tiendas llenas de plástico pintado de colores brillantes, cristales cortados, precios exorbitantes, faldas barrocas y tiaras monárquicas made in chica, me llené de asco. Sentí un reflejo intempestivo. No se que tenía más olor a mierda, si las muchachas preguntando por los precios de los vestidos, emocionada una por un vestido naranja y negro, extaciada por una limosina larguísima como un falo en erección. Me dio mucho asco.



Considero que en una época de crisis no se puede seguir viviendo en la súper-estrcutura, en el aparato ideológico, en esta puesta en un teatro sucio. Los quinceaños me dan un aire de obra de arte contemporáneo sin título, con un discurso mediocre, un armatoste pegado con cinta adhesiva y adornado con aerosol, cientos de bocas abiertas, aplaudiendo por cosas ridículas. No sé, creo que mi prima favorita no merece un destino tan cruel.

Ahora bien, sería importante remitirnos a cómo esta tradición absolutamente burguesa se transminó a las entrñas más profundas de las personas que habitan este país. Yo no sé como fue, pero imagino que es una imitación a la tradición de los adinerados de "presentar en sociedad" a un cascarón adiestrado en las artes del tejer, bordar, cocinar y atender al hombre. Sólo que, como los taxis llenos de figuritas, quedó contaminado por un rococó kitsch, y embadurnado en los pequeños vicios de las clases más bajas.

Y es que en tiempos de crisis no considero pruente que alguien se pueda dar el lujo de gastar en tanta parafernalia que terminará de adorno en algún muebel olvidado o deplano en el bote de la basira, se lo dije a mi madre antes de derribar "accidentalmente" una cerca que sostenía parte de la mercancía de un puesto frente al deportivo Guelatao.

Hubo dos cosas sacras que ví violentadas y vomitadas: la Biblia y a Chaikovsky. Me pregunto si alguna quinceañera alguna vez se ha dado el lujo de abrir esas biblias forradas con aluminio y con el emblema de "Mis XV años". O si sabe quién diablos es Chaikovsky y qué diablos es e Lago de los Cisnes. Sea lo que sea, se me hace brutal la castración a los valores cristianos, mezclándolos con un producto más que ridículo del mercado.

Lo más interesante es "el paso de niña a mujer". Sí, claro, las mujeres que tienen hijos a los 16 ya fueron presentadas en sociedad. ¡Por favor! Debe ser denigrante para una mujer tener que pedir el aval de un salón de fiestas lleno, pegajoso por las cubas derramadas, para convertirse "en mujer". ¿Qué es esto? ¿Un anuncio para que ya sepan que es "cancha libre"?

No sé, son cosas que a mi no me interesan. Por cierto, la foto de esa augusta mujer con sus chambelanes proviene de http://static1.mundoanuncio.com/img/2008/5/10/11604189413.jpg.

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1 Response to Ramos en República de Chile

2:14 p. m.

Genial. Me reí una docena de veces. Los quince años (o quinciaños) es todo un tema para reflexionar, entre una burla, una reproducción o la mejor manera de sentirse burgués un día.